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Gerencia de la Humildad en las Empresas

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Con frecuencia, para graficar el carácter de un directivo de alto perfil, se utiliza la imagen de una persona fría,       insensible, decidida, cruel, sanguinaria, con una hilera de dientes lista para devorar su próxima víctima. Sin embargo, la realidad es que cada vez más profesionales consideran que para ser un buen líder se debe aprender a ser humilde, esto no lo enuncian idealistas, si no, entre otros: Nitin Nohria, decano de Harvard Business School.

Cuando la Revista  Bloomberg  Businessweekse  le preguntó: ¿Qué es lo que  se  debería  enseñar  a  los líderes empresariales?, su  respuesta  fue  clara: “humildad”. Quizá su respuesta no fue técnica  ni académica, pero está claro que contiene una gran dosis de humanidad.

La Humildad es el conocimiento de las limitaciones propias y actuar de acuerdo con este conocimiento, es ausencia de soberbia, es una característica de las personas modestas que no se sienten más importantes o mejores que otros. Es entender que necesitamos de apoyo y que el logro individual nunca será superado por el logro de los equipos y que cualquier meta alcanzada por grande que sea no significa nada sino tenemos con quien compartirla.

En mi reciente libro “Gerencia de la Humildad” (2017)*, desglosamos la humildad como valor y como competencia laboral necesaria para la vida y también para los negocios. Porque no se puede servir, escuchar, confiar, entender necesidades, aprender continuamente y conformar equipos de alto rendimiento si no se práctica. Una empresa humilde no se siente superior, ni menos que otra, entiende el servicio como un bienestar mutuo, maneja el éxito con prudencia, escucha al mercado, lo que les permite consolidarse y desarrollar su potencial.

Cuando el líder de una organización tiene un punto de vista único corre el riesgo de dejar de lado la visión de conjunto de los problemas, de esa forma todas las decisiones serán tomadas jerárquicamente, sin considerar los elementos que la rodean el entorno del negocio. Esa actitud los aparta del mundo e impone la ilusión de ser invencibles y perfectos, lo cual es una antesala del fracaso. La humildad desarrolla en las empresas una marca de liderazgo que es soportada en conductas concretas:

  • No se pide respeto, se gana.
  • Existe coherencia entre el pensamiento y la actuación.
  • No habla de logros, los resultados hablan por sí mismos.
  • Se practica la modestia y rechaza la adulación pública.
  • Se canalizan las ambiciones hacia el equipo y la organización.
  • No se vive de logros pasados, se plantea el futuro como objetivo.
  • No se habla mal de colaboradores ausentes, no se permiten chismes.
  • El trato es respetuoso.
  • Las diferencias se solucionan con participación de los involucrados en la situación.

El rechazo instintivo de muchos hacia la palabra humildad proviene de un malentendido fundamental con el concepto, porque se le asocia a pobreza y baja autoestima, cuando en realidad la etimología dice que humildad procede de humus, es decir, aquello que se desprende de la naturaleza y, a su vez, la fertiliza y la hace crecer, es la esencia de los seres humanos.

Cuando se aplica la Gerencia de la Humildad en los escenarios personales y laborales se desarrolla una perspectiva sobre el mundo, menos contaminada por prejuicios. Lo cual no significa ser permisivos, sino asertivos, luchar con generosidad por lo que se cree, respetándose a sí mismo y a los otros. Además la humildad, ayuda a reforzar y a reparar las relaciones, así como a construir lazos más fuertes entre las personas.

Gerencia de la Humildad: Sanando personas y empresas de la soberbia.

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